sábado, 23 de enero de 2010

ARGENTINA: DÍA 24/09/09

Nos levantamos y comimos en el buffet del hotel, un sencillo y nutritivo desayuno.

El día anterior habíamos contratado con una agencia la excursión a la pingüinera (130 pesos/persona) así que nos vinieron a recoger al hotel y nos subimos a un microbus lleno de turistas (hubiera sido más cómodo y económico alquilar un coche). Y tras dos horas de viaje, sin asfaltar en su mayor tramo, llegamos a nuestro destino, pagamos la entrada de 35 pesos que no iba incluido en el de la excursión y vimos nuestro primer pingüino de Magallanes


que sin cortarse un pelo atravesaba el camino que los humanos debíamos respetar. Por cierto, que cada vez que un animal lo cruzaba, todos nos parábamos en seco por respeto y también por obligación porque se trata de entrometerse lo menos posible en su hábitat, lo cual es harto difícil por otro lado.

La pingüinera cuya temporada iba a ser inaugurada oficialmente por el gobernador esa misma tarde, estaba repleta de animales y eso que nos dijeron que aún no habían llegado todas las hembras.

Es una visita recomendable si quieres hincharte a ver pingüinos y otros animales en un paisaje único y con el mar de fondo. Además, la temperatura fue muy agradable, incluso nos quedamos en manga corta, lo cual se agradece bastante en estas latitudes.


A la vuelta, nos dieron la posibilidad de ir al museo paleontológico pero no nos sedujo la idea y buscamos un sitio para comer. El resto de la tarde la pasamos por Trelew paseando. Es una ciudad sin ningún interés especial y no es la mejor opción para alojarse si vas a Península.

Y por la noche, una hora antes de salir el avión, nos fuimos tranquilamente al aeropuerto rumbo al fin del mundo.

lunes, 18 de enero de 2010

ARGENTINA: DÍA 23/09/09

Nos despertaron de recepción a las tres y media de la mañana para tomar un avión

rumbo a Península Valdés que salía a las 5:15; volvimos a desayunar en el avión de Aerolíneas Argentinas, vimos un amanecer precioso desde lo alto y cuando llegamos y tras esperar un buen rato un taxi, el conductor nos advirtió que íbamos a tener muy difícil engancharnos en alguna de las excursiones de día como pretendíamos pues ya era muy tarde, de hecho, nos acercó a un par de agencias pero estaban todavía cerradas y al final, fue la amable recepcionista/dueña del hotel Libertador (http://www.hotellibertadortw.com/) la que nos consiguió que pudieramos aprovechar el día aunque para ello tuvimos que contratar los servicios de una guía particular que nos llevaría en su coche por toda la península por 1000 pesos (cuando de haber ido en


bus con más turistas, nos hubiera salido por 190 pesos por persona). Al menos la guía, María fue un encanto y pasamos un día muy divertido e instructivo a su lado.
En cuanto a la temperatura, comentar que no hacía tanto frío como esperaba y con un buen plumas, gorro y guantes pudimos pasar un día al aire libre sin problemas.

La primera parte del camino la hicimos por una carretera asfaltada, después serían caminos de tierra y en obras por lo que si hubiéramos ido en un coche alquilado por nuestra cuenta (era otra posibilidad) probablemente nos hubiéramos acabado perdiendo. Para entrar en el parque protegido pagamos 45 pesos por persona (en todos los parques de Argentina hay que pagar para entrar).

La primera parada fue en el centro de interpretación donde pudimos admirar este esqueleto de ballena:


A continuación, nos fuimos a Puerto Pirámides donde nos subimos a un barco para avistar las ballenas francas. Su característica principal es la presencia de callosidades en la cabeza, que son engrosamientos de la piel colonizados por parásitos externos (ciámidos o piojo de la ballena), que les confiere una apariencia rugosa y un tanto extraña:

Despues nos fuimos a ver los elefantes marinos a un apostadero en caleta Valdés en el que estaban retozando un macho con su harén de hembras alrededor:



Allí mismo comimos en la estancia Elvira, un menú buffet. Y regresamos a Trelew al final del día con un atardecer precioso.

Guanaco.




Nuestra guía nos recomendó varios libros de María Cristoff, no los pude conseguir pero me dijo que eran maravillosos para saber más sobre la Patagonia:
-Historia de viajeros a la Patagonia
-Falsa calma

sábado, 16 de enero de 2010

ARGENTINA: DÍA 22/09/09

Nos levantamos muy temprano, fuimos a una casa de cambio y desde allí al famoso cementerio de Recoletas. Para acceder a él, llegamos por la calle Junín que está repleta de macrobares y discotecas. Es muy curioso el contraste, si miras a un lado, presupones marcha, luces y sonidos nocturnos, si miras al otro, silencio y oscuridad.

De común acuerdo, decidimos no entrar al cementerio porque no nos atraía demasiado y además estaba empezando a llover con ganas, así que nos metimos en el café La Biela que está enfrente del cementerio haciendo esquina y en cuya terraza pensábamos disfrutar del caminar de los viandantes pero nos tuvimos que conformar con entrar y tomarnos un café calentito en una de sus mesas.

Cuando aminoró un poco la lluvia, salimos, y paseamos mirando escaparates de las tiendas de lujo de la ciudad: Hermés, etc...

Caminando llegamos hasta el Duhais y de allí a un centro comercial cercano para descansar un poco de la lluvia.

A la salida tomamos un taxi para ir al MALBA pero era martes y por lo tanto, estaba cerrado. Lo peor es que sabíamos que cerraba ese día pero se nos olvidó.
Así que seguimos caminando y fuimos viendo bares/restaurantes para elegir uno al azar para comer, al final nos decidimos por uno que estaba muy bien pero, por desgracia, no recuerdo el nombre y nos pedimos una parrillada para dos de la cual nos sobró la mitad aproximadamente. Estaba todo buenísimo pero en cantidades industriales. Probé los chinchulines por primera vez, extraña sensación y aún no tengo claro si me gustan o no...creo que no....arggg....

viernes, 15 de enero de 2010

ARGENTINA: DÍA 21/09/09

Palermo Soho:






Un lugar para escribir. Estamos en la esquina de Thomas con Charcas, en la cafetería Torino. Nos hemos sentado para descansar un poco las piernas que se quejan de tanto caminar con lo sedentarias que viven fuera de vacaciones.
Desde este café tomé una de las fotos que más me gusta de la ciudad, en ella, un paseador de perros, de espaldas, trata de pasar al otro lado de la calle. Me gusta porque el cartel de los beatles nos retrotrae a una época que no tiene nada que ver con la indumentaria del chico, ni con los coches. Me gusta por la cara de concentración del hombre de barba blanca que conduce sin percatarse de lo que ocurre a su alrededor. Y me gusta sobre todo, porque refleja un instante, un segundo que habrá pasado desapercibido para todos los que en ese momento circulaban allí.

Hacía sol y la mañana era perfecta para ir sin prisas.

De allí nos fuimos al Bobo hotel a conocer a una amiga (por cierto, que el hotel es chulísimo y es altamente recomendable). Y después estuvimos curioseando entre las tiendas de ropa de diseño y sobre todo, disfrutamos en la librería Prometeo, que es justo la librería que todo aquel que alguna vez ha soñado con tener una, le gustaría tener. Se la recomiendo a todo el que disfrute sumergiéndose entre libros. En otras entradas, hablaré también de otras que hay repartidas por todo Buenos Aires, pero ésta por ser la primera, quizás, es una de mis favoritas.

Despues comimos en una pizzería que había por allí, en una terraza en la primera planta con unas vistas del barrio muy chulas.

Por la tarde, estuvimos de tiendas hasta que agotados regresamos al hotel.

ARGENTINA: DÍA 20/09/09

Me desperté a las siete a.m., y sin hambre nos fuimos a desayunar. A la zona del hotel dedicada a este menester la llamaban "Desayunador", más claro, imposible, ¿no?

Echamos un vistazo al periódico del día, repleto de suplementos y nos centramos en la cartelera teatral:
Baraka, Caperucita, Gorda...apuntamos las direcciones, y teléfonos para comprar las entradas en cuanto podamos.

Tomamos un taxi y pedimos que nos lleve a San Telmo, durante el trayecto, el taxista nos cuenta su vida estudiantil en la dictadura y nos pone los pelos de punta con sus vivencias.

Una vez allí, donde se suponía que había un bonito mercado dominical de antigüedades, nos desilusionamos bastante pues lo vimos muy cutre.
Rápidamente nos cansamos y acabamos buscando el restaurante donde nos habían reservado mesa "La brigada" en C/Estados Unidos, 465 (teléfono: 4361-5557/4685). Como era preceptivo en el lugar, el camarero nos cortó la carne con una cuchara para demostrarnos "lo tierna" que era y rodeados de recuerdos y afiches de diversos deportes, tuvimos una comida muy agradable.

Continuamos caminando hasta el pasaje de Defensa y ahí el ambiente empezó a mejorar: puestos de diseñadores jóvenes, algunas galerías de arte, vendedores de todas las razas exponiendo sus mercancias, y sobre todo, se respiraba alegría, festividad diría. Hacía una temperatura excelente para pasear y podía notar como el resto de los paseantes estábamos disfrutando de la tarde. Compré una pulserita de hilo que aún llevo puesta.

Y llegamos a la Plaza Rosada, ¡qué insignificante nos pareció! Parece mentira que albergue tantos momentos fundamentales de la historia de este inmenso país. Ahora que lo pienso, debe de ser lo único que me pareció pequeño en Argentina, pues hasta los gorriones que ví eran gorditos y panzudos.

Continuamos paseando por la Avda de Mayo, hasta llegar al emblemático café Tortoni donde no pudimos resistir entrar a tomar un café para recrear con la imaginación, una cafeteria tan literaria.

De allí, nos fuimos buscando cambio a la C/FLorida, al centro comercial del mismo nombre, por desgracia, era domingo y no estaba abierta la casa de cambio y por suerte, había otra cerca que sí que lo estaba y pudimos cambiar. El centro comercial no tiene ningún interés y es una visita totalmente prescindible.

Desde allí nos fuimos a la avenida de Corrientes pues teníamos entradas para ver "Baraka" (100 pesos la entrada en octava fila). Nos gustó muchísimo la obra aunque no la conseguimos disfrutar bien debido al cansancio acumulado. Como curiosidad, comentar que me llamó mucho la atención una vez dentro de la sala, varias cosas:
1. Estaba prácticamente lleno a pesar de ser una obra que está en cartel bastante tiempo.
2. Era claustrofóbico.
3. Los programas de mano los entregaban los acomodadores a cambio de "la voluntad".
4. Un chico vestido con pajarita negra y chaqueta carmesí, voceaba su mercancia antes de comenzar el espectáculo: "Chocolates, caramelos, agua, refrescos..."