Nuestra habitación del hotel Touganeya Nada más llegar al hotel, nos reciben amablemente pero eso sí, nos dicen que como nuestra reserva era a las cuatro (por Internet, en todos los casos, nos preguntaron la hora de llegada y siempre indicaban la de salida, que, a veces, fue temprano, sobre las diez), hasta las dos como mucho no nos podían dar la llave, así que dejamos en recepción las maletas, y nos fuimos en busca de algún restaurante donde comer algo. Y justo saliendo a la derecha, enfrente de un supermercado tipo 24 horas, vimos un pequeño restaurante abarrotado de ejecutivos de traje y corbata, y decidimos entrar, nos llevaron hasta una mesa y...¿qué pedimos?Nos dan la carta, y se nos quedó un careto...no entendíamos ni papa, pero, vamos, es que ni los precios. Allí nadie hablaba inglés ni mucho menos español, nosotros aún ni idea de algo básico en japonés, así que usamos el idioma universal: la sonrisa, y señalando ellos y nosotros...
Tómese un viaje a Japón o, en su defecto, una sopa castellana