lunes, 2 de noviembre de 2009

ARGENTINA: DÍA 19/09/09

Salimos del aeropuerto y directos al hotel, cansados pero con los ojos bien abiertos para ver una primera impresión de la ciudad. Lo que identifiqué rápidamente fue "El puente de la mujer" de Calatrava, teóricamente su diseño es una síntesis de la imagen de una pareja bailando tango...



Una vez en el hotel: "Ayres de Palermo" en Sánchez de Bustamante, 1955 ( http://www.ayresdepalermo.com.ar/) , dejamos las cosas, inspeccionamos la habitación (nos dieron la más grande según nos dijeron.

Realmente era un apartamento pues tenía cocina,

saloncito y la cama todo en una misma habitación)

y sin más dilación, nos fuimos a la calle de nuevo para ir a ver un espectáculo de magia en "Mosto y Moka" un bar sito en la Avda San Juan, 4200 del barrio de Boedo. tenía muchísimas ganas de ver a Hernán Maccagno en directo y no me desilusionó, uno de los mejores espectáculos que he visto últimamente. Lo que hace con las monedas, hay que verlo para creerlo.

Fue un acierto porque además de la magia que estuvo genial pero con mayúsculas, cenamos nuestro primer bife de chorizo que aunque para nosotros casi que era ya el desayuno por la diferencia horaria, nos supo a gloria.

De madrugada y reventados, volvimos al hotel para coger fuerzas para el domingo ir a San Telmo a la mañana.

VIAJE A ARGENTINA: preparativos

Aunque esta entrada se titule "Preparativos", la verdad es que éste no ha sido un viaje en el que nos hayamos portado con los mismos, de hecho, quedó mucho espacio para la improvisación, hubo que cambiar de planes varias veces sobre la marcha y aún así, no tuvimos ningún problema ni imprevisto que no fuera fácilmente subsanable.
La mayor preparación como siempre, fue comprar los vuelos, a través de la página de Iberia fue donde lo vimos más barato, alrededor de 800€.

Y decidir el tiempo que íbamos a estar en cada sitio para reservar hoteles y vuelos internos a traves de Alsel viajes de Lorca (Murcia). Los vuelos los encargaron a Aerolíneas Argentinas , también se pueden contratar por teléfono directamente en el 91-590-2060. (Atención: Lun. a Vie. 9:00 a 17:30 hs.). Nos costó por cabeza 600 euros.

El tiempo que íbamos a estar en cada sitio, lo decidimos en parte por lo que habíamos leido en los foros, y en parte, por lo que en ese momento, nos apetecía sin más.

Y empezamos el viaje, primer destino: Alicante, para desde allí tomar un avión a Madrid que nos dejara en Buenos Aires.

viernes, 24 de julio de 2009

EL POBLET DE QUIQUE DACOSTA

FECHA: DIECIOCHO DE JULIO de 2009, VEINTIUNA TREINTA HORAS.

LUGAR: RESTAURANTE EL POBLET, EN DENIA.

COCINERO: QUIQUE DACOSTA.

PUNTUACIÓN: IMPUNTUABLE.

EXPERIENCIA: INOLVIDABLE.

Llegamos a Denia, aproximadamente una hora antes de lo previsto, conseguimos aparcar y decidimos dar un paseo. Cuando llegamos, nos dieron mesa, no muy bien situada, en medio de un sitio de paso, y empezó el baile de camareros. Primero nos aconsejaron sobre la carta, y ambos decidimos tomar un menú degustación resumen de todos los años de vida del restaurante.

Estábamos espectantes, con una temperatura extraordinaria, sin vistas al mar (yo creía que el restaurante estaría frente al mar, no sé por qué), con una decoración muy sencilla, y lo mejor, con la cocina a la vista cuando entrabas al aseo (las salas de dentro estaban cerradas, según oimos, por el calor).



Quique
Dacosta salió un par de veces en el transcurso de la noche, lo teníamos justo delante, pero no fue por las mesas como hacen otros cocineros, dejándose agasajar los oidos. Aunque he leido en internet, que otras veces, si lo ha hecho.

Y comenzó el espectáculo: "Nuevas tradiciones" era el título:

Primero nos pusieron cuatro rebanadas de pan tostado y cortado con microtomo, como aperitivos o entrantes de la casa. El mejor el de queso parmesano.
Después nos preguntaron si ibamos a beber vino.



Y los platos fueron:
"Trufa blanca del Montgó "Parque natural de Denia"":

Comienzo fuerte, sabroso, jugoso, inolvidable, por fuera, exactamente igual que una trufa blanca italiana, con su capa costrosa marronácea, y por dentro, una mezcla de nata y queso parmesano delicioso. Me encantó la textura, la mezcla de algo crujiente con algo cremoso, y también me gustó mucho que se deshiciera en la boca. Pero me supo a poco, ¡me hubiera comido otra!!

"Bruma":
Llegada a la mesa visualmente espectacular, según mi acompañante, ya estaba muy visto, pero yo lo disfruté.

Ah, no he contado en el anterior plato, un pequeño detalle, los dos camareros que nos lo sirvieron, se miraron, y se pusieron de acuerdo, tras algún contratiempo, para presentarnos los platos a la vez levantando unas campanas de cristal que los protegían.

Bueno, como el resto de los platos, es difícil de explicar, dicen por Internet que contiene papada de cerdo, guisantes de lágrima, piñones y judías verdes. Las texturas y los sabores emulan los aromas matinales de la tierra húmeda, pero eso es lo de menos, pues realmente es un plato que se come por los ojos. En él predomina una visión arquitectónica sobre el sabor, una imaginación infantil a lo que realmente comas, no estás comiendo algo sencillo, estás disfrutando con la visión de un bosque de cuento de hadas al que solo le faltan los gnomos, y estás a punto de ponerte a buscar debajo de los ingredientes por si te los encuentras. Yo creo que no me hubiera sorprendido lo más mínimo.

"Cubalibre de foie gras":
Muy esperado por mí, destaco la escarcha de limón, como el toque diferenciador del plato. A mi acompañante le encantó, yo necesitaba más escarcha para saborearlo con más placer.

"Sopa fría":
Sabor delicioso, presentación preciosa. Nos llevaron los platos grandes de tamaño, pero con escasa capacidad, con un montón de florecitas, y hierbas varias, incluidas medias cerezas. A continuación, lo regaron con una especie de gazpacho frío, y a comer: Un ocho sobre diez, el mejor "gazpacho" de mi vida y que no se corte nadie las venas.

Bueno...el mío también está muy bueno, pero, vale, lo reconozco, éste está mil veces mejor, aunque que quede claro, no es un gazpacho. En este momento de la cena, oimos a un camarero decirle a la comensal de detrás nuestro, que podían pedir media sopa o medio de cualquier otro plato, que pidas medio pescado vale, pero media sopa...me resultó curioso.

Otro detalle curioso fue el que nos dieran al empezar la cena, una hoja con el menú elegido así como que, al sentarnos, hubiese en la mesa, un par de trocitos de papel explicando dos conceptos.

















Ostra ibérica:
Y yo que creía que no me gustaban las ostras...no hay nada como probar las cosas, bien probadas.
¿La presentación? Bonita: un recipiente de cristal con pie, y en su interior una gelatina de ibérico, rocas nitro de tinta de sepia y la ostra partida en varios trozos. Se deshacía en la boca, y te la comías con la mirada.

Gamba, roja de Denia:
Con este plato, comenzaba la parte menos tecnológica del menú, compuesta de estas gambas y de la cigala que vino a continuación, ¿protagonistas? El mar, y sus productos. En algo se tiene que notar que es un restaurante de costa, además, de en el elenco de camareros tan internacionales que tenían, (por cierto, fue Didier, francés, creo, el que nos sirvió casi todos los platos, y de una educación exquisita que se agradece sobremanera).

Y yo que no soy muy marisquera, por no decir nada, disfruté como si de mi mismísima cuñada me tratara, con los dos pedazos de ejemplares que nos pusieron a la mesa. Riquísimas. (ah, estaban sobre un lecho de sal gruesa que me voy a copiar para alguna presentación cuando cocine en casa).

Cigala de las Rotas:
Llegados este punto, yo hubiera preferido optar por otro plato más visual, pero había que seguir el plan del maestro de ceremonias, lógicamente, así que me la comí, y lo mejor es que lo hice encantada de la vida, muy buena. Sin más. Perfecta.

La gallina de los huevos de oro:
Otro de los platos cumbre del menú para mi gusto. Y la anécdota de la noche: no pudimos resistir el preguntar a Didier si llevaba soja en la salsa, a lo que nos respondió que no, que no llevaba pero que podía ser que lo hubieramos pensado ( qué sutileza) porque llevaba un poco de café que quizás era lo que le daba el toque amargo...y además, dijo, llevaba una mezcla de cinco zetas, aquí, me quedé flipando y le pregunté:"¿CInco zetas? Eso no sé lo que es."
Tal cual, ante lo que el camarero me mira, mira a mi precioso acompañante, y tras un par de segundos en silencio, éste me explica: "¡Ah, a las cinco setas!" Uf, qué apuro, y más, cuando Didier me mira y se disculpa por el acento. Ejem...qué metedura de pata.

Bueno, volviendo al huevo cocido a 65ªC, nadando en la ya famosa salsa y envuelto soberbiamente en una lámina de oro. ¿Se puede dar un mayor homenaje a un producto apreciado por todos, saboreado por todos y comido por todos hasta la saciedad como es el huevo? He aquí la respuesta, envuelve el cotidiano huevo en oro y será llevado a los altares de la buena mesa por los siglos de los siglos y amén.

Y con este fórmula tan seria, fue como me comí mi huevo, pues se merecía todos nuestros sentidos puestos a su servicio. El homenaje que yo le podía hacer era comérmelo con respeto y deleite, ya que a los altares no me iban a permitir llevarlo.
Y así se puede decir que concluyó nuestra cena, al menos para mí, puesto que el plato final, ante de los postres:

Pescadilla asada en su piel y tallos:
No merecía estar en este menú, bajo mi punto de vista. Enaltecer al huevo, me pareció sublime, pero subir a la categoría del plato final de la noche, a un minúsculo trozo de pescadilla, no me pareció muy correcto, por muy acompañada de "tallos de borrajas silvestres, de aloe vera, de cardo blanco, y verde del Montgó y Rojo crudo a la brasa, en agua de mar" que fuera. Me resultó decepcionante, a pesar del supuesto "liofilizado" o sea, polvos de jamón ibérico que llevaba, (y que no sabían a nada, mientras decoraban el plato en un lateral) Además, la presentación, no distaba mucho de la que ya te presentan en cualquier restaurante (está bien, llevaba una espuma verde encima del pescado, pero ya no era algo que asombrara a esas alturas, llevábamos casi tres horas cenando y nuestra curiosidad quería algo nuevo). Asimismo, el sabor no era nuevo ni sorprendente ni exquisito.

Pero llegamos a los postres:

Monocromático de coco:
Tengo que empezar diciendo que el coco es una de mis frutas favoritas, así que me encantó el plato, totalmente blanco, incluso el plato de cerámica en el que iba. Pero no me maravilló, el helado que llevaba, también de coco, no lo probé, pero el resto, era demasiado soso. Muy bonito puesto en el plato, aunque yo hubiera usado uno de color negro para contrastar, pero de sabor algo escaso.

La naranja en invierno:
Naranjas, rosas y azafrán, una "hamburguesa" de postre hecha con espuma y algunos cítricos. Rica.

Piedras:
Solo por este postre, tengo que volver a este sitio, (bueno, y también por la trufa y el huevo).
Ya por último, comentar que acompañaron estos postres con un vino dulce cuya marca no recuerdo y que según mi acompañante estaba muy bueno pero como a mí no me gusta," invento de sacristias", pues no lo probé.

Y con ésto, acabamos la cena, tres horas y poco después de nuestra llegada, pagué y nos fuimos, viendo a la salida, un rotavapor con pintas de estar tras la ventana mas para que lo viera la gente que para ser utilizado, y, tras haber tenido la mejor experiencia culinaria de mi corta vida.

jueves, 12 de marzo de 2009

LOS BUFFETS DEL BAHÍA PRINCIPE

A continuación, voy a poner algunas fotos de los buffets del desayuno de diferentes restaurantes del complejo para aquel que quiera ir por allí, se haga una idea:


Mi preferido era el de plátano, salía a vaso y pico por día...lo que daría ahora por uno bien fresquito.

El rincón de comida mexicana para desayunar, muy rico y poco picantoso...

Frutas por doquier, deliciosas.


Para los que prefieran comer un desayuno continental...con sus huevos duros, revueltos, etc


Uno de nuestros típicos desayunos.

Mi delicioso yogur con frutas, coco y nueces ¡delicioso!

Para finalizar, comentar que pudimos comprobar que los buffets eran parecidos, por no decir iguales en todo el hotel , asi que yo tomaría nota del consejo de una de las recepcionistas, ir a uno pequeño y tranquilo alejado del bullicio.

viernes, 20 de febrero de 2009

BAHÍA PRINCIPE RIVIERA MAYA


vistas del hotel
Uno de los halls de los tres complejos.


Entrada principal


La Hacienda
Nuestro bungalow.

A continuación, voy a mostrar algunas fotos de la habitación del hotel y de su entorno para aquel que quiera visitarlo, pueda hacerse una idea aproximada:



Y esta era parte de la playa que tenía el hotel que como se puede apreciar en esta zona no tenía piedras ni restos de coral pero en otras zonas es cierto que sí que tiene y además está acotada mediante sacos grandes de arena dentro del mar lo cual le resta bastante encanto:l.

sábado, 14 de febrero de 2009

SABADO

La última mañana en el hotel, también fue ampliamente aprovechada, bañito en el Caribe, aperitivo en un 24 horas con hamburguesa incluida, frente a la playa del complejo Tulum, y después la comida buffet en el mejor restaurante buffet del complejo bajo mi punto de vista. Despues nos recogieron, nos llevaron en autobús hasta el aeropuerto y rumbo a España totalmente dormido para evitarme las incomodidades del vuelo charter.

viernes, 13 de febrero de 2009

VIERNES

El viernes lo dedicamos a quemarnos en la playa, a bañarnos, a comer y a descansar, así que aquí van algunas fotos de los buffets de las comidas, pero antes de comer, por si teníamos hambre ¿? podíamos ir a alguno de los bares-restaurantes que estaban abiertos todo el día:


Aquí se puede ver mi adorado cocktel sabroso junto a un ligero aperitivo antes de comer:

Una vez más triunfó entre nosotros la comida mexicana, la italiana no llegué a probarla y la japonesa era un sucedáneo:


Zona del restaurante que se veía desde nuestra mesa, preparada ya con el habitual entrante:


Como siempre, comida mexicana, limitada pero era la más sabrosa:


No puedo opinar de la italiana, pero buena pinta...no sé, no sé:

¿Qué se puede decir de esta "paella"?

Me resultó curioso que al melón que corrientemente consumimos en España, le denominaran Melón valenciano:


Otro tipo de melón:
Un postre infantil que no llegué a probar:

Mi postre:
Una pequeña vista de una de las zonas de playa del hotel:

Esta es otra zona de la playa del hotel cerrada con una especie de sacos o lonetas inmensas para que no entraran más piedras de las que habían, o restos de coral, etc:



El cartel con la mayoría de los cocteles más consumidos en el hotel, sobra decir que casi siempre llevábamos uno en la mano, mis preferidos: el sabroso y la piñada que no sale aquí:


Y por la noche, a cenar en el restaurante Frutos del mar, uno de los que más me gustó aunque no me lo esperaba, en las dos primeras fotos se puede ver la carta:


Las entradas podías escogerlas en cantidades ilimitadas dentro del buffet que había en el restaurante:

Nosotros nos decantamos por los siguientes:



Yo me pedí el steak cayo de hacha, estaba buenísimo:

Los camarones Nueva Orleans:

El postre, en este caso, un café "mexicano" que el camarero preparó delante de nosotros, con mucho arte. fuego, etc, y un poco de dulce que no merece mayor comentario: