miércoles, 30 de abril de 2008

OCTAVO DÍA

Mi cena en el restaurante OOTOYA


Escaparate de otro restaurante de la calle Pontocho


Menú de la entrada de un restaurante en la calle Pontocho


Parte del aseo de nuestra habitación


Habitación del hotel Gimmond


El té japonés

Uno de los trenes balas de Japón


Todo lo que se pueda contar de Kyoto es poco y todo el tiempo que se pueda pasar para visitarla, también, pero vayamos por partes:
Salimos de Tokyo a las nueve y poco de la mañana con los tickets para el tren reservados por si acaso, desde dos días antes, al llegar a Kyoto, salimos de la estación de tren (famosa por su antena) y a continuación de una explanada, estaba la del metro que nos dejo a un paso del hotel Gimmond que habíamos reservado por Internet directamente en su página web y sin previo pago, con lo cual, llevábamos un poco de miedo. Pero no hubo ningún problema, el hotel estaba bastante bien, similar a un cuatro estrellas español y la localización para nosotros fue ideal, además lo más importante en esta ciudad es planear las visitas por zonas porque sino es imposible, entonces, ya da un poco igual donde estés, pero, por ejemplo, este hotel está justo delante del museo de la ciudad y, a un paso, andando, tanto del Palacio Imperial como del castillo de Nijo.
Esa noche, lo primero que hicimos fue llegar hasta la calle Pontocho que es para mi gusto, la más especial y auténtica de toda la ciudad. Al final, sin embargo, acabamos cenando en un restaurante de la cadena OOTOYA que habíamos visto recomendada por internet, y la verdad, es que muy bien, un menú como el de la foto nos costó 798 yenes y estaba rico, rico. El sitio estaba decorado en plan moderno en un primer piso de una de las calles principales de la ciudad que daba al puente más bonito que tiene, y las camareras fueron, como siempre, amabilísimas.

martes, 29 de abril de 2008

SÉPTIMO DÍA

El cruce de Shibuya


Restaurante Shitamachi


Purikura

Calle enfrente del parque Yoyogi con tiendas juveniles


Para este día habíamos quedado por Internet en la página http://www.tokyofreeguide.com/ , con una chica japonesa que nos iba a hacer de "free guide"por Tokyo, vino con una amiga recien llegada a la ciudad para que también la conociera y pasamos un día inolvidable, paseando y bombardeándonos mútuamente a preguntas sobre nuestras culturas respectivas.
Es una experiencia que aconsejo a todo aquel que vaya a Japón por su cuenta.
Por la mañana, como era domingo fuimos al parque Yoyogi porque queríamos ver a todos los frikis que allí se reunen en fin de semana, nos hicimos unas cuantas fotos con chavales disfrazados que están allí para eso, o sea, para llamar la atención, paseamos por la zona y nos enseñaron algunas tiendas chulas, luego nos llevaron a un sótano de unos recreativos para enseñarnos los purikuras o máquinas de hacer fotografías con efectos que son lo más in entre las adolescentes japonesas (estaban a reventar), nos hicimos unas fotos con ellas de recuerdo entre muchas risas, y después, que es lo que interesa, nos llevaron a otro barrio lejísimos (Harajuku) a conocer un restaurante típico que se denominan SHITAMACHIS y que se caracterizan básicamente porque te cocinas tú mismo en una plancha que hay incorporada a la mesa, dos tipos de comidas:
1.Okonomiyaki: típica de Tokyo
2.Monjoya-yaki: típica de Osaka.
Estaban muy buenas y además fue muy divertido compartirlas con ellas. Parecen unas tortillas revueltas con pescado o verduras básicamente. Y son deliciosas.
De allí fuimos, por fín, a Shibuya, estaba deseando conocer el famoso cruce de Shibuya tantas veces visto por mí en fotos mientras me documentaba para el viaje, y no me decepcionó. Mucha gente, un gran cruce de pasos de peatones, muchas luces y sobre todo la estatua del perro de Shibuya con el que me hacía mucha ilusión fotografiarme. Shibuya es una zona repleta de gente veinteañera o menor, con tiendas de ropa para ellos, a unos precios desorbitados, (ver los edificios 109, de ropa, aunque solo sea como experimento sociológico: los adolescentes no varían de Japón a España!!) y mucho, mucho ambiente. Me gustó tanto que volvimos otro día en plan despedida. Además, nos descubrieron la "The Spanish Slope"o sea, la cuesta española, donde hay varios restaurantes de comida de aquí (tanto en Tokyo como en Kyoto nos encontramos con varios pero no entramos a ninguno, la verdad)
Después de despedirnos de nuestras nuevas amigas, nos quedamos en un cyber que ellas nos localizaron previamente en un séptimo piso que era alucinante, había una biblioteca de manga enorme, sillones relajantes, bebidas gratuitas, minihabitaciones individuales o compartidas para Internet, dvd, playstation, etc, e incluso te podías quedar a pasar la noche y ducharte (parece ser que la gente joven que vive lejos de la ciudad y sale hasta altas horas de la madrugada, lo usan como lugar de descanso durante unas pocas horas hasta que se reincorporan de nuevo al trabajo porque si tuvieran que volver a casa, no llegarían a tiempo al trabajo).
Esa noche volvimos a cenar en el A3 de la estación de Ueno, en nuestro restaurante favorito de sushi y a dormir que al día siguiente partiríamos hacia Kyoto en ¡el tren HIKARI!

SEXTO DÍA

Nuestro segundo desayuno del día


¿Seguridad laboral?


Como amantes del pescado japonés, no podíamos perdernos la visita a la lonja de pescado de Tokyo, una de las mayores del mundo, así que madrugamos de verdad, y alrededor de las siete ya estábamos allí, demasiado tarde para ver algunas cosas, pero lo suficientemente temprano como para hacernos una idea de su embergadura. Disfrutamos muchísimo entre diferentes variedades de pescados y mariscos, la verdad que molestaríamos un poco, porque los trabajadores tienen que ir sorteando a todos los turistas como nosotros y no me extrañaría que en un momento dado, prohiban el paso, porque llega a ser hasta peligroso cuando van con los tractorcillos llevando el material y tú por enmedio.
Allí mismo desayunamos en un puesto que había dentro, un poco de pescado rebozado que nos entregaron dentro de una bolsa de plástico, y ya en el exterior, nos dimos el lujazo de ir a un bar con muy buena pinta a hartarnos de atún fresco (maguro) , lo probamos de todas las clases: graso, semigraso, etc y ¡ah! como disfrutamos.
De allí, nos dirigimos a Ginza, con nuestros bajos de los vaqueros mojados de la lonja, o sea, un poco guarrillos, y sin más, nos plantamos en la cafetería café Doutour (superpija y llena de gente muy arreglada) en un primer piso de uno de los barrios más "cool" de todo Tokyo, y como todavía era temprano para ver tiendas, desayunamos por tercera vez, pero ahora, un café con leche y un dulce occidental. Mereció la pena porque cogimos mesa en la ventana y podíamos ver como despertaba el barrio y se empezaba a llenar de gente, muy bien vestida, llena de bolsas y con prisas.
Justo enfrente estaba el edificio de una marca de coches de fórmula 1, así que entramos a curiosear y después estuvimos de centros comerciales toda la mañana. Ese día acabamos comiendo en un chino aparentemente lujosillo pero de calidad media, fue así porque el resto de los sitios o estaban llenos o estaban ya cerrados ( a veces, se nos olvidaba que ellos comen más temprano). Luego fuimos al Big camera, más compras, y risas porque probamos unos sillones relajantes que eran la bomba. ¡con un sillón de esos en casa y un water toto, uno ya no tendría ganas de salir a la calle para nada!
Por la noche, cenamos en el barrio de Ueno y entramos en un restaurante de sushi giratorio pero no mereció nada la pena, ¡ya empezábamos a diferenciar el pescado fresco del que no lo era tanto!!!

lunes, 28 de abril de 2008

QUINTO DÍA

Edificio de la tele en la bahía


Una de las entradas a la calle de Kappa-Bashi


Los famosos dangos japoneses en el mercadillo de Asakusa


Un gatito entre un león en Asakusa


Templo de Asakusa


Culinariamente hablando poco que resaltar de este día porque nos fiamos de la guía Lonely Planet y buscamos por Asakusa, el restaurante tailandés que recomendaban, después de más de una hora buscándolo hasta con la ayuda de la policía, tenderos, etc (surrealista), llegamos y un desastre. La sopa Tom Yan no sabía a nada. Y eso no era auténtica comida tailandesa ni de lejos. Fue el primer gran error que le encontré a la guía (la cual no la recomiendo para Japón, no solo, lógicamente por este motivo).
Lo que sí que fue interesante fue ir a Kappa-Bashi, la zona donde compran los restauradores japoneses, llena de tiendas de palillos y otros accesorios de cocina, etc. Nos lo pasamos genial y además conseguimos muy, muy buenos precios.
Volviendo a Asakusa, tiene un templo muy bonito y sobre todo, una entrada llena de tiendas-puestos para los turistas divertida de ver, allí probamos por primera vez los dangos, unos dulces muy populares en Japón pero que no me gustaron nada, también las galletas saladas que estaban buenas, y el sake dulce, muy rico.
Por la tarde, hicimos un crucero por el río para llegar a la bahía que es prescindible totalmente, pero luego la bahía sí que merece la pena, una vez más por los edificios y las vistas.

CUARTO DÍA

Ventana del restaurante de la cena en el edificio NS



Una vez más nos levantamos tempranísimo, y para hacer tiempo después de desayunar, nos dirigimos al parque Ueno: unos cuantos templos, una estatua con perro, un lago, un zoo al que no entramos, y, lamentablemente, muchos "sintecho" todavía durmiendo por donde podían. Luego fuimos al Museo Nacional que estaba muy cerca y en aproximadamente tres horas intentamos hacernos una idea de la cultura japonesa, lo cual es harto imposible, pero, ya no dábamos para mucho más después de tanto andar. Dentro del museo había una vitrina con unas figurillas españolas y otras mexicanas, lo cual nos hizo mucha ilusión.
Y de allí, nos fuimos a comer al que se convirtió en nuestro restaurante favorito de sushi, por cercanía, por amabilidad y por precio, estaba en la propia estación de Ueno, en una zona de restaurantes llamada ATRÉS, entrando a mano derecha, era el último del pasillo y es el único en el que hacían pescado crudo, tenían sus peceras con los pececillos nadando, y los iban cocinando delante de tí, y como nos veía interesados, uno de los cocineros, se nos acercaba siempre para que lo viéramos y nos hicimos amiguetes sin hablar. Además la frescura era innegable, eran rápidos, y también económicos, un menú individual podía salir por 1200 yenes aproximadamente. Siempre era más barato, comer en un restaurante que comprarte la comida por la calle, con las bebidas, etc y no digamos de comprar dulces europeos, (tampoco es que sea una barbaridad pero es curioso).
Como estábamos junto al hotel, aprovechamos para dormir la siesta y después fuimos a Shinjuku que nos encantó. Una zona muy pija, (aunque también tiene su barrio rojo al cual le echamos un vistazo por morbo pero que no tiene nada que ver) llena de tiendas de alto lujo francesas pero, sobre todo, interesante por sus rascacielos, pasear por allí es un placer, las vistas del edificio del gobierno son impresionantes y el edificio en sí también (gratuitas) así que lo recomiendo fervientemente para quien le guste este tipo de visitas. Después nos dimos el lujazo de ir al edificio NS ( ver el reloj gigante que hay en la recepción) que estaba justo detrás,y cenar en un piso 29 en una habitación privada con nuestra ventanita desde la que se veía parte del barrio. Mereció la pena aunque se subiera de los precios que estamos hablando hasta ahora, porque es un placer para la vista y también para el buen gusto.

TERCER DÍA

Restaurante de la comida en el centro comercial

A las siete de la mañana, ya estábamos en pie, y bajamos a desayunar, pedimos desayuno japonés, y nos traen una bandeja llena de comida: arroz, pescado, ensalada de col, ensaladilla rusa ¿?, pescado frito, etc y para beber, agua y té. Mi primera sensación al probar el té fue que no me gustaba nada, y así me ocurrió dos o tres días hasta que me acostumbré al sabor. El té, siempre nos lo sirvieron en polvo de color verde y al final, te llega a enganchar. Normalmente lo servían ya hecho pero en unos pocos restaurantes, te ofrecían el vaso de agua caliente y tú con una cucharilla minúscula te echabas la cantidad de té que consideraras adecuada.
Ya en la estación de Ueno, como aún no íbamos a usar nuestros Japan Rail Pass, compramos tras estudiar un poco los paneles, un par de tickets para Akihabara, como era muy temprano y aún estaba todo cerrado (los centros comerciales abren de 10 a 11 aprox), volvimos a desayunar pero a estilo occidental en un Mr Donuts. Nosotros por comer que no sea.
Akihabara es el paraiso de los centros comerciales de electrónica, entramos primero a Soft map, luego a un salón recreativo, luego a una tienda que vendían desde cosas de todo a 100 ptas o yenes, hasta relojes omega auténticos, etc
Luego fuimos a Yodobashi que es otro centro comercial que tiene la ventaja de que no solo vende electrónica, con lo cual si a tí no te gusta, te puedes dedicar a ver otras cosas, como la sección de papelería que es preciosa. Allí mismo comimos en la penúltima planta (en la última había un campo de golf), en un restaurante muy bonito, con las mesas en el suelo, sin zapatos, y las piernas colgando porque había hueco, lo cual es más cómodo que tenerlas dobladas, un par de sopas muy ricas. Lo malo es que el nombre del restaurante no lo sé traducir al castellano, así que dejo una foto. Estaba realmente bien y encima económico1090 yenes/dos personas.
A continuación, fuimos a una cafetería cercana, ya agotados y de allí al hotel y derrotados, nos venció el sueño hasta el día siguiente.

jueves, 10 de abril de 2008

SEGUNDO DÍA

Nuestra habitación del hotel Touganeya

Nada más llegar al hotel, nos reciben amablemente pero eso sí, nos dicen que como nuestra reserva era a las cuatro (por Internet, en todos los casos, nos preguntaron la hora de llegada y siempre indicaban la de salida, que, a veces, fue temprano, sobre las diez), hasta las dos como mucho no nos podían dar la llave, así que dejamos en recepción las maletas, y nos fuimos en busca de algún restaurante donde comer algo. Y justo saliendo a la derecha, enfrente de un supermercado tipo 24 horas, vimos un pequeño restaurante abarrotado de ejecutivos de traje y corbata, y decidimos entrar, nos llevaron hasta una mesa y...¿qué pedimos?Nos dan la carta, y se nos quedó un careto...no entendíamos ni papa, pero, vamos, es que ni los precios. Allí nadie hablaba inglés ni mucho menos español, nosotros aún ni idea de algo básico en japonés, así que usamos el idioma universal: la sonrisa, y señalando ellos y nosotros, y con la ayuda de uno de los comensales de la mesa de al lado, conseguimos tomarnos unas sopas de ramen deliciosas, eso sí, la olla de mi abuela era más pequeña que el bol que me pusieron. Lo primero que me sorprendió fue que directamente nos pusieron agua que iban rellenando conforme se acababa, y que tras la comida no nos preguntaron si queríamos postre o café. Tampoco esperaban propina. Estos detalles fueron idénticos en todos los restaurantes en los que estuvimos. Bueno, con algunos matices, en algunos te preguntaban si querías té o agua para beber (ambos siempre incluidos en el precio) y después si querías otra cosa de beber (ojo, porque el resto de bebidas suelen ser bastante caras en relación a los precios de los menús, y las alcohólicas más). Y en otros, donde el menú incluía sopa de miso, si querías repetir, la podías volver a pedir (en esos casos, los boles eran como los del desayuno, no como los de la olla de la abuela), pero también advierto, que, a no ser que estés muy hambriento, es raro que desees repetir, porque esos menús, bajo mi punto de vista son bastante completos. ¿y el precio? por desgracia, no recuerdo exactamente cuanto nos costó nuestra primera comida pero seguro que fueron menos de 6€ por persona.
Cuando terminamos de comer, intentamos buscar por los alrededores un cyber para decir a la familia y amigos que habíamos llegado y estábamos bien, y buscando, fuimos a preguntar a una papelería, donde también por señas, nos indicaron donde había uno, e incluso cuando nos vieron salir, y se ve, que no estar muy seguras de que las hubiéramos entendido, salió una de las dependientas y nos acompañó un tramo del camino para que no nos perdiéramos.
Al llegar al hotel, y subir al piso de nuestra habitación, ¡primera foto!: la puerta era superbajita, y nos hizo gracia. Luego la habitación, como ya he dicho, pequeña, pero limpia. La tele solo tenía canales en japonés lo cual no deja de ser divertido, y, quizás una advertencia por si a alguien le viene bien, para acceder al aseo hay que subir un pequeño escalón. Una vez dentro, la tecnología hecha water te espera, pero eso, ya lo contaré en otra entrada.
A continuación, dormimos una larga siesta, y, a la calle. Y con una llovizna no demasiado molesta, estuvimos caminando por los alrededores de la estación, repletos de restaurantes, bares, tiendas, etc. (Nota: No llevábamos ni compramos paraguas porque siempre que llovió, nos los prestaron gratuitamente en el hotel). Cenamos en un sitio cuyo nombre ni ubicación recuerdo pero que estuvo muy bien, y una vez más, pudimos comprobar la exquisita amabilidad de los japoneses, pues los camareros, al salir, nos acompañaron a la calle para intentar explicarnos mediante señas y un rudimentario inglés, donde había un karaoke. El cual, gran decepción por mi parte, no era un bar, sino un edificio entero repleto de habitaciones que tú alquilabas por franjas horarias con tus amigos, para cantar en privado, menos mal que solo pagamos por quince minutos, porque reirnos nos reimos, pero cantar....tuvimos que ir dandole a una pantalla tactil en japonés, sin tón ni són, hasta que leimos un par de canciones en inglés, hicimos el paripé y nos fuimos, que lo que yo quería era interactuar con un montón de japoneses de fiesta, ¡que a mí nunca me han gustado los karaokes!!
A la salida, en un paso de cebra, un señor nos oyó hablar, y nos preguntó si eramos ingleses, al decirle que españoles, se puso a hablarnos en castellano, supersimpático, y nos preguntó sobre Japón, nos dijo que la calle que teníamos justo enfrente era una "hot street" avisándonos por si no queríamos entrar...El caso, es que claro, bastó que nos dijera eso, para decirle que gracias, que no iríamos, pero a los pocos minutos, ya estábamos cotilleando por allí: cuatro tíos con pintas de chulos, muchas luces y nos fuimos. Entramos a una librería (¿para compensar?) buscando diccionarios de japonés-español, echamos un vistazo pero al final no compramos nada, y de camino al hotel, compramos una docena de dulces con una masa similar a la de los barquillos pero blanda, en un puesto en la calle que regentaba un señor muy amable y con cara de buena persona, muy ricos, por 1.80 euros, y al hotel a dormir hasta el día siguiente con nuestros yukatas que se pueden ver encima de la cama en la foto (en todos los hoteles te proporcionan diariamente uno para dormir).

miércoles, 9 de abril de 2008

DE CASA A TOKIO

, Habitación del hotel de Madrid

Como no vivimos en Madrid y el vuelo salía muy temprano, decidimos pasar la noche cerca del aeropuerto y escogimos también por Internet, el hotel AC San Sebastian de los Reyes que está bastante cerca del aeropuerto y por 59.95€ está muy bien. Además como en el resto de AC, los refrescos del minibar y los periódicos son gratuitos, y sobre todo, y lo mejor, es que se accede muy fácilmente desde la autovía y se encuentra aparcamiento fácilmente en la calle y gratuito.
Por la mañana, nos levantamos y nos dirigimos hacia el parking de larga estancia, lo cual nos costó dar varias vueltas (afortunadamente no había tráfico y habíamos salido con tiempo) porque está muy mal señalizado bajo mi punto de vista. El parking lo habíamos reservado por el tfno que aparece en su página web y una vez allí tuvimos que dar el número de reserva y aparcamos. Desde allí un minibus, nos llevó a nuestra terminal. (Los minibuses salen cada poco minutos del aparcamiento, pero hay que ir con tiempo porque según la terminal a la que vayas y la hora a la que salga el avión, si hay mucho tráfico, se puede llevar un buen rato)
Una vez en nuestra terminal, facturamos nuestras maletas, directamente hasta Japón, avisándole a la azafata de que cambiábamos de aeropuerto en Londres, ella dijo que sin problemas, y quisimos creerla.
Ya en Gatwitck, compramos un par de billetes de autobús para ir a Heathrow. Y una vez allí, casualidades de la vida, de repente, vemos en una cinta, ¡ nuestras dos maletas!! Nos dirigimos con ellas bien agarradas, a información y allí nos indicaron que se habían equivocado así que las volvieramos a facturar. A estas alturas, ya estábamos dando gracias de la suerte que habíamos tenido, más que nada por el engorro de luego andar buscándolas. Y encontrarlas antes de acabar el viaje, con suerte.
El vuelo no tuvo ningún interés especial, como no, nadie del personal hablaba español (a veces, me pregunto donde habré oido yo eso de que las azafatas deben de saber varios idiomas para su trabajo), no nos dieron de comer porque claro, el despegue era a la una y pico de la tarde , y a esa hora, uno debe haber comido ya (menos mal que llevábamos chucherías, y aguantamos hasta las cinco que dieron la cena porque con las prisas no caimos en lo del horario inglés), y tenías tu dvd personal para entretenerte mientras volabas.
Al llegar a Narita, rápidamente encontramos nuestras maletas, y el mostrador del Keisei skyliner que es un tren que nos iba a llevar directamente hasta el barrio de Ueno que era donde estaba nuestro hotel.
El que cogiéramos el skyliner fue porque aunque para el viaje, habíamos comprado el Japan railpass (también por vía internet y con una exquisita amabilidad por parte del personal de Jaltour, que, por cierto, en su página web te dan información sobre todo lo que necesiteis), no lo íbamos a empezar a utilizar hasta unos días después, porque una vez que lo usas por primera vez, se contabilizan todos los días seguidos y lo teníamos para 15 días y el viaje iba a durar19. Y los primeros no nos íbamos a mover de la capital. Además, el skyliner si te vas a quedar en Ueno, es mucho más cómodo por rapidez.
Bueno, pues por fín estábamos en Tokio, y una vez que llegamos a la estación de salida del skyliner en Ueno, como ya habíamos leido que estaba allí, fuimos a la oficina de información y turismo para que nos orientaran como llegar al hotel y ya de paso, pedir los típicos folletos que suelen dar en estas oficinas. Salimos a la calle: Y ¡por fín! estábamos pisando suelo y viendo el cielo japonés.
Fue muy fácil llegar al hotel porque la verdad es que está bastante cerca, primero hay que llegar hasta la estación de metro de Ueno,(que está más o menos, enfrente de la otra hacia la izquierda, se ve en la esquina de la estación, un bar español, por cierto, y luego se sigue recto) que luego nos hartaríamos de ver, y desde allí, en un par de minutos, estábamos en el hotel, total: cinco minutos andando.
El hotel nos lo habían recomendado unos amigos, y la verdad, es que sin pretensiones, estuvo bastante correcto, limpio, habitaciones nuevas, eso sí, pequeñas, (como en general, en todo Japón) y un personal muy amable. Llevaba el desayuno incluido que podías elegir tipo japonés u occidental (de siete a nueve de la mañana) y las camareras eran también un encanto.

martes, 8 de abril de 2008

¿PREPARANDO TU VIAJE A JAPÓN?

Cuando tuvimos claro que este año viajaríamos a Japón en marzo, lo primero que hice fue buscar información en Internet y al principio, aquello era el caos. Afortunadamente, descubrí el blog de un chico español que está allí trabajando y todo ese caos, se fue organizando. Durante aproximadamente dos meses estuve estudiando todo lo que encontraba en la red sobre Japón , junto con una guía de viajes, y también gracias a un par de amigos que estuvieron en agosto allí, también por su cuenta, conseguí organizar, al menos, a priori, lo que yo creí tarea inalcanzable. y mereció la pena. Vaya que sí.
Lo primero que hicimos, una vez que tuvimos más o menos clara la fecha fue, lógicamente buscar vuelo, y donde más económico lo encontramos fue en rumbo.es y nos salió por 763.95 más la comisión de Rumbo, por persona con escala en Londres cambiando de aeropuerto a la ida.