Y llegamos a las cataratas de Iguazú, previo paso por BBAA, y en el hotel ¡alucinamos! de lo malo que era, se llamaba "Hotel Cataratas" y no lo recomiendo en absoluto: Humedades, suciedad, hormigas...mal olor...
La primera de las habitaciones que nos dieron estaba plagada de hormigas así que nos cambiaron a otra que era una supuesta suite también con malos olores pero menos hormigas así que nos aguantamos y nos quedamos con ella.
Una de las noches salimos a cenar a un hotel de comida regional:
Una de las tiendas de souvenirs del pueblo:
Las cataratas:
El primer día nos fuimos en bus a Brasil, es el número 496, y se coge al pasar la gasolinera YPF que hay en la entrada del pueblo, apenas cuesta 1.5 pesos y aunque se supone que hay que ir con el pasaporte, nuestro conductor pasó olímpicamente de parar en la aduana, así que entramos de ilegales. Eso sí, el hombre nos indicó en qué rotonda debíamos parar en medio de la carretera para coger otro bus que nos llevara a las cataratas. Las entradas al parque se podían comprar en pesos, no era necesario llevar reales, pero el cambio te lo daban en la moneda brasileña, lo cual venía bien para después el bus de vuelta que costaba hasta Foz: 2,35 reales. En Foz, no había nada reseñable o al menos, yo no lo encontré para ver, así que tras un pequeño paseo, volvimos a Argentina. Ah, en las cataratas comimos en una hamburguesería a buen precio, y con unas vistas preciosas a la garganta del diablo.
Al día siguiente, fuimos en bus (paraba justo al lado del hotel, al menos en eso era bueno) y por 5 pesos llegamos a la puertita misma del complejo de las cataratas, pagamos los 60 $ de rigor, y empezamos a caminar, maravillándonos a cada paso. No creo ser original si digo que a cada catarata que veía, pensaba que ya no podía haber otra mayor y que mi asombro no tenía límites.
Decidimos contratar la excursión (135$/persona) y aunque lo recomiendo, también digo que como te pasas la mitad del tiempo con los ojos cerrados por el agua que te entra, pues te pierdes algunos momentos divertidos. Se recomienda llevar chubasquero de usar y tirar para no comprarlo en el recinto (siempre será más caro) pero como hacía buen tiempo, nosotros fuimos en bañador sin problemas, además te entregan una bolsa resistente para introducir todas tus pertenencias y que no se mojen. En caso de que el tiempo no sea tan bueno como cuando fuimos nosotros, quizás sea interesante llevar una toallita, y unos calcetines o incluso chanclas de repuesto). Otro punto interesante de contratar esta excursión, es que te dan un pequeño recorrido en autobús sin techar por el parque hasta llegar al embarcadero, y un guía va contando cosas sobre el parque, sobre todo de botánica y zoología, como por ej, que hay más de 2000 especies de insectos, que las bellísimas mariposas que pueblan el lugar si son rojas-amarillas son tóxicas mientras que las azules son las más rápidas. Nos enseñó los bambues o tacuaras (hay 5 especies distintas y las más grandes llegan a medir veinte metros). Vimos palos de rosa de hasta 40 metros de longitud, también filodendros o wembés o costillas de Adán.
Nos enseñó palmitos que aunque son comestibles, aquí están protegidos porque cuando se les extrae el corazón, mueren, a diferencia de otras especies de Venezuela, Colombia o Ecuador.
Y también nos habló del bencejo que es el símbolo del parque, del yacaré, del tapir (herbívoro) y que junto con el jaguar son monumentos naturales y dificilísimos de ver (él nos dijo que jamás había visto un jaguar en todos los años que llevaba en la zona). Así que en pocos minutos aprendimos un poquito y sobre todo, constatamos la gran riqueza natural de la zona y lo importantísimo que es el intentar respetarla al máximo (de hecho, la explotación turística del lugar ya es un problema per se pues mueren multitud de animalitos atropellados por los autobuses y eso que la velocidad es muy limitada).
Al día siguiente, por 425 pesos contratamos un taxi con chófer para ir a Paraguay, una pena de tiempo y dinero...
En nuestro último día en la zona, contratamos una excursión para ir a Misiones.
Una gasolinera que nos encontramos de camino:
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